A mí me gusta observarte desde aquí, así, descaradamente.
No sé si siempre elijo escapar de la manera más cobarde porque a veces me cuesta pronunciar un adiós ¿Y si esta historia cambia teniendo el final esperado o simplemente se acaba la tinta y deja de escribir? …¿Tinta? Ya me estoy yendo por los lados, como si pudiera evitar pensar en lo que quiero decir. Y empecé a mentir. La que escribe soy yo, no es precisamente que escriba de amor, pero se me ocurrió.
Escucho tus mentiras y parecen tan lindas que hasta me provocan quedarme a vivir en ellas. A veces las organizo, les acomodo el sombrero o mejoro su nudo de corbata. ¡Qué lindas mentiras! Y recuerdo que no existes, estoy libre de quedarme donde estoy con el corazón intacto.
A ratos me acuesto en la terraza y lo más raro es que no tengo terraza y aquí continúo mintiendo. Me pongo a pensar en trenes o los puentes que dejan de unir ciudades. No siempre, casi nunca, solo ayer.
Te imagino a mi lado, preferiría que escogieras mi lado derecho, soy más consciente de ese. Y después lanzarte preguntas desprevenidas como ¿Qué quieres para la cena? Y saber que no escogerás un “burrito”, que me intriga porque no lo escogiste como lo hubiera hecho yo, así en tortillita. Es decir, me gusta que no te guste escoger esa comida, nunca te he preguntado por qué no y nunca quiero hacerlo, porque no quiero entenderlo.
Supongo que ya sabes que estoy mintiendo de nuevo, no hay burrito, ni tinta, ni terraza. O tal vez si existen. Pero que haríamos sin la expectativa, que nubla la realidad y que ahora a mí me resulta bastante conveniente. Y no estoy mintiendo.
A veces te invito a sentarte a mi lado, mi lado derecho por supuesto y te hago preguntas trascendentales como ¿El color de la pared está bien? No sabes cuantas ideas surgen con el color adecuado y así, evitar confesarte que el color que escogí fue por tus ojos, pero ¿si ves que estamos perfectos en esta habitación?.
Y a veces la imagen resulta tan confortarte que quiero quedarme ahí, así como la armé en mi cabeza, pero me pongo de pie y ya estoy trazando líneas en dirección opuesta, ¡Otra vez! En esas ocasiones el drama me combina hasta con los tacones.
Al final no me importa encontrarte pero me consterna la idea de no buscarte. Esas líneas sonaron a amor. Tal vez las ponga con el burrito, la tinta, la terraza, porque pensándolo bien tal vez si existen.
