Ayer se fue, mañana no ha llegado/hoy se está yendo sin parar un punto/soy un fue, y un será y un es cansado [...]

domingo, 6 de mayo de 2012

PARA IRSE A DORMIR SIN GUARDAR LOS CAMBIOS, PRESIONE 1.

Hay miradas que cuando se cruzan lo hacen causando estragos como un huracán que va a 250 kilómetros por hora en dirección a ….mis ojos! - ¡CORRAN!, no empujen, ¡ESTO NO ES UN SIMULACRO! repito -NO ES UN SIMULACRO- Y depronto esas miradas se van convirtiendo sorprendentemente en una sonrisa -La salida de emergencia justo en la boca (la sonrisa) - Conserven la calma.-

 Es entonces cuando empiezo desde lo más profundo de “mi no sé que escribir” a contarte esta historia rebuscada, tratando que no lo parezca; ……Pues porque simplemente esas miradas abren puertas que no sabía que tenía – Buenas Tardes Señora Mirada, la hemos estado esperando ¿Cómo ha estado? bien pueda siga, tome asiento, tengo para ofrecerle agua, agua y …..agua, ---- No pues mejor nos tomamos unas fotos - Y así empiezan a ser retratadas, plasmadas como – Las últimas-no recuerdo cuántas- veces.

 Me pongo a pensar en esas miradas perdidas, por ahí solas, desubicadas, tratando que alguien las encuentre, así sea con un GPS. Tal vez son como las canciones, que están sentaditas esperando a ser dedicadas, o como cuando uno es una canción y ni siquiera lo han escuchado.

 ¿Has notado cómo me encanta hacer esto tan interactivo?

 Nunca he sido una de esas personas que llevan a flor de piel, sus sentimientos como un distintivo, un vistoso accesorio del que se enorgullecen portar a todos lados, que pueden gritar “Siento esto”, “pienso esto”, “quiero esto”, “detesto lo otro”,” te quiero” , “a ti no”, “a ti solía quererte y a ti te estoy queriendo sin querer”.

 Yo nunca sé lo que quiero decir, un momento quiero esto, al otro aquello, y antes de poder concretarlo ya no quiero nada, ahora te quiero, ahora ya no ¡Tarán!

 Mandando con esto al destino al asiento de atrás “Hey, mira a la ventana y ve cómo trazo mi propia ruta aunque tu me hagas garabatos en el vidrio empañado, me frunzas el ceño y me tuerzas la boca, ¡ah! Por cierto, no olvides ponerte el cinturón de seguridad que lo más seguro es que nos vamos a estrellar. Tu mirada llega y se estrella en mis pupilas ferozmente y su agua escurridiza lo revuelve todo y no se lleva nada, y yo en ese momento con ganas de entregarlo todo.

 Existen personas que con miradas forman escondites de nosotros mismos, o que nos transportan a otra galaxia, universo paralelo o whatever, no soy científica, ¿Te has topado con alguna de ellas? (No contestes). 

Cuando menos lo esperas te descubres haciendo planes mentales para quedarte ahí permanentemente, porque ahí puedes ser lo que quieras y al mismo tiempo no necesitas ser nada, puedes ocultarte de ti y créeme a veces ni extrañas lo que está pasando alrededor, hasta simplemente con eso conoces a esas personas sin necesidad de una conversación.

Afortunadamente no soy de esas pseudo-analistas compulsivas obsesionadas con saber quiénes son. A mi me pensándolo bien me importa un carajo saber quien eres en ese instante. 

Puedo aprovechar la confusión y quererte desde aquí y por ratitos toda la vida. Quererte por las razones equivocadas y porque simplemente no pasará de un cruce de miradas y yo iré al final de la noche a dormir sin guardar los cambios del día.

lunes, 20 de febrero de 2012

Lo que es y No debería ser.

A mí me gusta observarte desde aquí, así, descaradamente.

No sé si siempre elijo escapar de la manera más cobarde porque a veces me cuesta pronunciar un adiós  ¿Y si esta historia cambia teniendo el final esperado o simplemente  se acaba la tinta y deja de escribir?  …¿Tinta? Ya me estoy yendo por los lados, como si pudiera evitar pensar en lo que quiero decir. Y empecé a mentir. La que escribe soy yo, no es precisamente que escriba de amor, pero se me ocurrió.

Escucho tus mentiras y parecen  tan lindas que hasta me provocan quedarme a vivir en ellas. A veces las organizo, les acomodo el sombrero o mejoro su nudo de corbata. ¡Qué lindas mentiras!  Y recuerdo que no existes,  estoy libre de quedarme donde estoy con el corazón intacto.

A ratos me acuesto en la terraza y lo más raro es que no tengo terraza y aquí continúo mintiendo. Me pongo a pensar en trenes o los puentes que dejan de unir ciudades. No siempre, casi nunca, solo ayer.

Te imagino a mi lado, preferiría que escogieras mi lado derecho, soy más consciente de ese. Y después  lanzarte preguntas desprevenidas como ¿Qué quieres para la cena? Y saber que no escogerás un “burrito”, que me intriga porque no lo escogiste como lo hubiera hecho yo, así en tortillita. Es decir, me gusta que no te guste escoger esa comida, nunca te he preguntado por qué no y nunca quiero hacerlo, porque no quiero entenderlo.

Supongo que ya sabes que estoy mintiendo de nuevo, no hay burrito, ni tinta, ni terraza. O tal vez si existen. Pero que haríamos sin la expectativa, que nubla la realidad y que ahora a mí me resulta bastante conveniente. Y no estoy mintiendo.

A veces te invito a sentarte a mi lado, mi lado derecho por supuesto  y te hago preguntas trascendentales como ¿El color de la pared está bien? No sabes cuantas ideas surgen con el color adecuado y así, evitar confesarte que el color que escogí  fue por tus ojos, pero ¿si ves que estamos perfectos en esta habitación?.

Y a veces la imagen resulta tan confortarte que quiero quedarme ahí, así como la armé en mi cabeza, pero me pongo de pie y ya estoy trazando líneas en dirección opuesta, ¡Otra vez! En esas ocasiones el drama me combina hasta con los tacones.

Al final no me importa encontrarte pero me consterna la idea de no buscarte. Esas líneas sonaron a amor. Tal vez las ponga con el burrito, la tinta, la terraza, porque pensándolo bien tal vez si existen.

TAMBIÉN PODRIAMOS SER EXTRAÑOS TAMBIÉN PODRIAMOS SER EXTRAÑOS

Volvía a casa por una calle de la gran ciudad en la que vivía (una calle cualquiera, de una ciudad cualquiera, a una hora cualquiera) desde varios años atrás hacía el mismo recorrido, resignado a soportar una vida no demasiado movida, la habladuría  de los vecinos y la monótona grosería que lo rodeaba en su trabajo, caminaba, no le prestaba atención a nada (como suele hacerse cuando se recorre un camino muchas veces) y que por poco pasa por su lado sin verla.

Ella lo reconoció, mientras se acercaba a él lo miraba con una ligera sonrisa, por poco pasa de lado, cuando ya casi se habían cruzado, con su mirada hizo logró funcionar el sistema de señales de su memoria y lo arrancó de su somnolencia.

Esa tarde el sol brillaba de una manera extraña, el viento era más denso y el cafecito de la ciudad cualquiera estaba más concurrido de lo normal, curioso era que al parecer a nadie le importaba nada. Tal como había sucedido la última vez.

Se sentaron en el cafecito cualquiera, él la miraba de manera tierna,-como quien siente admiración y amor a la vez sin ser capaz de expresarlo-  mientras revolvía el café de ella como le gustaba, dos cucharaditas de azúcar y un poco de leche; recordaba cada uno de los  instantes, los momentos, sus caprichos. Ella notaba en su mirada lo que las mujeres curiosamente saben, lo que perciben y tienen la certeza, tomó un sorbo de su café y  él no se hizo esperar:

Estoy  feliz de estar contigo, hace mucho tiempo recreaba en mi cabeza como podía ser éste momento, estoy feliz porque existes, te quiero, puede que te quiera mucho, desde hace mucho tiempo temo decirte todo lo que siento, mi temor es que no sé lo que pasará quizás por eso mismo será mejor que nos quedemos tal como estamos.

Ella lo miraba anonadada, nunca antes él se había expresado de esa forma, nunca en encuentros repentinos como los de ese día, está vez ella lo sentía más cerca que de costumbre y era extraño encontrar su lado más sensible ya que siempre era frío, algo parco, muy introvertido para su gusto.

Lo que es cierto, es que los dos están más cerca el uno del otro cuando no viven juntos y cuando simplemente saben que existen, sienten agradecimiento por ser semejantes y por existir sólo eso basta para que sean felices.

Ella lo miraba en  su rostro se extendía una sonrisa perpleja, una sonrisa boba llena de indeterminada nostalgia y de imprecisa esperanza. Imprecisa esperanza por que sabía que los dos querían estar juntos, pero sus egos ya eran tan grandes y solitarios.

Sintió una desesperación tan absoluta la que viene con los primeros momentos de una gran tristeza cuando aún no se sabe lo que es haber sufrido y haber sanado, estar desesperado y recuperar la esperanza.

Ya lo él lo había hecho, tomó la decisión para ella una totalmente egoísta que no entendía como una persona podía decir una cosa y paradójicamente hacer otra.

Ese día no estaba dispuesta a luchar ni hacerlo cambiar de parecer, ya lo había intentado antes, ya había desistido. La historia no cambiaría. Y ella estaba bien con esa decisión, solo la abrumaba la triste idea de que a partir de ese momento volverían a ser extraños.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La última y nos vamos!!

Como si fuera cuestión de un rito social escondido, en el que existe esa extraña sensación de que la última canción, la última risa, el último trago, hace perfecta la salida o da la esperanza de que algo nuevo puede suceder en la noche, para sentir que fue perfecta o que algún hecho repentino pueda cambiarla.
Todo el mundo la conoce, casi todo el mundo la concede, espero que todos lo hallamos dicho al menos una vez y que alguien nos haya esperado, igual me ha pasado de las mejores cosas en ese momento.
Me gusta escuchar esa  frase “la última y nos vamos”.