Cuando salgo a trotar suelo ser muy observadora, detallista en extremo diría yo de todo lo que pasa alrededor, voy sola, voy sin música, sin nada, sólo con una botella de agua en ocasiones, el ambiente es agradable, me gusta, hay mucha energía desbordándose, caras nuevas, caras del pasado, en fin. Llegando al estadio, el sábado, vi una situación muy particular, dos niños "amiguitos" peleaban por una moneda, utilizaban un lenguaje bastante soez a mi parecer.
Recreé sus vidas en mi cabeza, descaradamente, como si pudiera adivinar su procedencia y qué tipos de hombres serían. A mí cabeza llegó una frase que alguna vez escuché en una programa de TV, "Qué convierte a un hombre en lo que es, lo que hizo, lo que quiso ser o lo que será?".
Ese mismo día, estaba haciendo "zapping" y me detuve en “ciudad de Dios”, película dirigida por Fernando Meirelles y Kátia Lund, quienes con imágenes agresivas y frenéticas, muestran unos cortes crueles que nos ponen de pie sobre la tierra, una serie de secuencias que nos recrean la vida de estas personas para no perder ni un detalle, ni un segundo de la realidad que nos quieren mostrar, con bruscos encuadres, nos van presentando a los personajes con sus dramas, con la geografía física y moral que los define.
Impactante fue y por lo que veo pasa con gran facilidad, un niño, como todos de las favelas Brasileñas, aseguraba que ya tenía una madurez suficiente “Yo fumo porros. Esnifo cocaína. Ya maté: soy un hombre", con ese pensamiento de guerra, del que se hace más fuerte y consigue más es el que trafica, mata y tiene el control pasando por encima del que fuera y dejando atrás un sin fin de tragedias.
Unos mataban, otros robaban, otros traficaban y otros hacían las tres, por supuesto lideraban el poderío de la favela. Conseguir más armas, más drogas para destruir el negocio del otro, era el objetivo diario.
El lugar, describirlo, puede ser tan simple o tan complejo, un sitio en el que el tráfico de cocaína, los asesinatos, la delincuencia juvenil y el soborno policial era algo cotidiano.
La población se dividió en dos como consecuencia de las vendettas, las guerrillas, el tráfico de drogas. La guerra empezó en el momento menos esperado, ya nadie sabía el por qué de la guerra al cabo de los años.
Una guerra que involucró a niños, que crecieron viendo armas, soñaban con ostentar una en sus manos y como justificación, ninguna, cualquier excusa era válida para tener una.
Pero que es lo que realmente interesa, a mi parecer es el descuido sorprendente y marcando en los países latinoamericanos; construir viviendas en las partes más lejanas de una ciudad, donde el interés político y económico no tiene influencias, no existe el peligro de cruzarse por ahí. ¡Que se las arreglen como puedan!.
Eso pasaba en los 80’s en Brasil, no sé cómo será ahora, después del gobierno de Lula que sacó a más de 30.000 personas de la pobreza, todavía no he ido a una favela y no sé si quiero ir, como todo no hay generalizar no todos los habitantes tienen la misma historia y una cosa es segura, son víctimas de las circunstancias.
En Colombia en el 2010 parece que la situación se ha vuelto a fortalecer, las comunas, los sitios olvidados, arriba, en el medio o abajo, en los bordes de las montañas de la ciudad o en la ciudad, están los barrios bajos, el reguero de casas apretadas, muros contiguos, techos recostados sobre techos, escalas en procesión interminable, ventanas y balcones sobre el vacío, trochas de corredores, aceras de tierra, remolinos de polvo, allá, abajo, en un cielo inferior,” muy por debajo de la línea de los pies”.
Pero claro cuando ya se ve mucha violencia es cuando existe “la preocupación” de lo que va a pasar de lo que puede afectar, lo social para rescatar la ciudad, sabiendo, ignorando o como el que no quiere ver que es un problema permanente no transitorio.
Aquí en Colombia se habla con miembros de la “oficina de Envigado” para llegar a una tregua para el cese de homicidios en las comunas de Medellín no sé qué tan legítimo sea pero la verdad me suena más a campaña política cuando todo está en contra del mandatario en turno, olvidando las verdaderas necesidades de los habitantes de las comunas, o como si mantener la violencia fuera lo más conveniente para alguien que no quiere acabarla.
¿Se puede mejorar el problema?, no es desconocido para nadie, la educación es lo que falta, el interés de alguien que pueda hacer las cosas con libertad, sin amenaza de nada, si tan sólo tuvieran un golpe de suerte, creo que las cosas se tornarían distintas.